Era una noche de otoño cuando vi a aquel joven intentando, quizás por vez primera en su treinta y tantos años, entregarse, sin represiones ni egoísmos, al disfrute del cuerpo de su amado…
Aunque ambos decían aun quererse a su manera, la vida los había distanciado. Ni uno ni el otro sabían con exactitud que pasaba por la mente y por el corazón de quien semanas atrás fuera su compañero. Eso generaba aun más frialdad en una relación que no había podido ser la más pasional de las historias de amor…Era doloroso y triste ver que había algo, entre inexplicable y evidente, que no permitía que pudieran estar juntos como deseaban…Nadie habló de culpas, nadie habló de amor incondicional, sin embargo las lágrimas que yo vi en sus rostros no me dejan mentir. Se querían más de lo que sus propios cuerpos y corazones estaban dispuestos a soportar y por lo tanto sus mentes no lo resistieron y se despidieron… sin un adiós…
Era hora de despertar del letargo de sus largos años de muerte físicamente sexual…Cuando lo vi salir aquella noche de otoño no sabía yo a ciencia cierta cual era su destino. Sin embargo como algo creía conocerlo tuve la leve sospecha de que iba a buscar algo, para encontrarlo y darlo, todo en un mismo acto…de amor. Yo sabía bien que no era un muchacho virgen, sabía que hacia ya unos años, que, de alguna manera, había comenzado a animarse a disfrutar su sexualidad…Sin embargo también intuía que en cada relación pasada, ya fuera ocasional o estable, no había podido ser totalmente fiel a su sentir. Algo, una persona, un dios, un fantasma…vaya uno a saber, se interponía entre su cuerpo y el de su amante de turno a la hora de reconocer que el sexo era un gozo no solo permitido sino puro y vivificante…
Pero aquella noche algo pasó. No fue magia. No. No frotó ninguna lámpara, ni le rezó a ningún Santo. Sin embargo, tras largos segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años de pasividad y fatal quietud pensó q debía dejar de pensar, sintió que debía dejar de sentir. Se levantó de su cama. Se desnudó y delante de su espejo vio como nunca antes lo había hecho, la belleza de sus partes, de su cuello de sus brazos, de su torso hasta llegar a mirar, sin vergüenzas y con dulzura, su propio pene. Pero ya no la dulzura del hedonista que se satisface a sí mismo egoístamente si no la dulzura de aquel que reconoce en sí mismo la imagen de un ser con deseos de dar y de recibir o mejor dicho de dar(se) y recibir(lo)…Y así lo hizo…
De pronto sintió un fuego dentro de él. Algo que lo quemaba por dentro pero también por fuera. Sin lavar su cara y sus manos, sin perfumar su cuerpo con aromas de artificio y sin siquiera vestirse salió a la calle. Cada paso que daba, cada calle que cruzaba era mirado por decenas y cientos de personas que seguían su andar. Para burlarse unos, insultarlo otros, horrorizarse lo más…Todos veían su cuerpo desnudo. Pero nadie se interesó por mirar su rostro feliz. Una felicidad que no es la de exhibicionista vulgar y grotesco, sino la de aquel que se jacta de su propia hermosura y desea compartirla, desde un sano orgullo q lo estaba auto convenciendo de tocar aquel timbre y de que golpeara aquella puerta. El timbre y la puerta del destinatario de tanta animalidad que había dentro de él a punto de producir una silenciosa erupción volcánica…
No hubo necesidad de golpear puertas ni de tocar timbres. Cuando estuvo frente a aquel edificio de varios pisos, miró la puerta y en un instante ésta se abrió, de par en par…Los crédulos pensarán que su mirada era tan intensa que, con solo mirar, se abrió sin ser forzada la primera tapa del cofre que escondía aquel tan fantaseado tesoro…De esta manera, con más ímpetu que nunca, subió raudamente las escaleras, cual animal al acecho de su presa…Al llegar a la tapa del segundo cofre q se encontraba dentro del primero, vio que esta estaba bajada pero no sellada ni encandada…Como conquistador que reconoce el territorio previo a su ataque, caminó por esos espacios q tan familiar y querido le eran…Miró hacia su derecha y vio una pequeña luz…Tan pequeña pero a la vez tan luminosa que le permitió tener un poco de claridad para ver lo que tenía que ver…
Y finalmente lo vio…Ahí estaba. Sí. Dios mío, pensó por unos instantes. Qué hago acá?...Sin poder dejar su romanticismo y parte de su nostalgia de lado, una lágrima corrió por sus mejillas. Será la última se dijo a sí mismo. Ya no tendré tiempo para llorar. Estaré demasiado ocupado amándolo a él, expresó en vos baja, mirando el cuerpo de su HOMBRE, el cual también desnudo, se mostraba como la cosa más bella y más sublime jamás creada. La desnudez de ese ser emanaba un aroma irresistible y esperaba ser devorada…
Luego de unos pocos segundos, quien descansaba sobre su cama, abre sus ojos y sonríe diciendo: -Te estaba esperando, hace ya tiempo que deseaba que llegara este momento. Y con la calentura propia de un animal en celo y el corazón de un hombre enamorado, se entregó………………………..
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EXUBERANTEMENTEPORNOGRAFICO !!!
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