Escena 1
Se encuentra un Sacerdote (Juan) sentado esperando en la antesala del despacho de Monseñor Leopoldo Gutiérrez (Obispo). Aparece otro Sacerdote secretario de éste.
SACERDOTE-SECRETARIO: -Padre Juan, Monseñor lo espera
JUAN: -Gracias (se para y camina hacia la puerta, se hace la señal de la cruz y entra) (El Obispo lo espera de pie) Buenas tardes Monseñor (se arrodilla y le besa el anillo)
OBISPO: - Buenas tardes Padre Juan, cómo está tanto tiempo? (sentándose e invitando al Sacerdote a que también tome asiento)
JUAN: - Bien gracias... Como siempre en la lucha para servir a Dios.
OBISPO: - Me parece muy bien... ese es nuestro deber.
JUAN: - Sí, el compromiso de amor que os tomamos con la Iglesia.
OBISPO: - Es bueno que eso no se olvide nunca... Bien, usted dirá a qué se debe su grata visita.
JUAN: - Como bien sabrá usted, hace unas semanas me trasladaron a un barrio muy carenciado. Estoy tratando de conocer su gente pero se me hace bastante difícil llegar a ellos. Son hijos de Dios muy necesitados material y espiritualmente.
OBISPO: - Sí, lo sé bien... Ese barrio es de terror. Me arrepiento de haberlo enviado a usted allí. La verdad. A los que designé anteriormente se fueron despavoridos. Nadie quiere acercarse a esa villa. Por lo tanto si quiere traslado...
JUAN: - No me ha comprendido. Yo estoy contento con ellos, no vengo a pedir traslado sino ayuda para formar grupos de contención (entusiasmado) Quiero hacer una gran campaña de evangelización y alfabetización, con jóvenes que me acompañen en este apostolado; eventos; misas al aire libre... Y necesito su ayuda.
OBISPO: (desalentándolo) - No se preocupe tanto Padre... Lo desobligo. Sólo haga lo que debe hacer.
JUAN: - Es que siento que es esto lo que debo hacer. Sé que podemos lograrlo. Esa gente está tan ávida de la palabra de Dios.
OBISPO: - Creo que no ha conocido aun a la gente de ese barrio. Ese es el refugio de drogadictos, ladrones y delincuentes de todo tipo. Ya son un caso perdido!. Para qué gastar pólvora en chimango. Hay que preocuparse más por la gente sana víctima de estos... no le parece?
JUAN: (indignado) - No!, no me parece (segundos de silencio)... Perdón Monseñor... (tratando de transmitirle su fervor) Si usted los viera... Son madres adolescentes de 15 o 16 años que aparentan cuarenta... Y esos niños (emocionado) con sus caritas de tristeza... no tienen educación ni contención de nada ni nadie, ni siquiera de su propia familia. Esos padres en su ignorancia a veces se olvidan de las reales necesidades de sus hijos. Necesitan nuestra ayuda!.
OBISPO: - Yo lo entiendo Padre, usted es muy sensible. Se ha visto dolido por las apariencias externas... Pero le aseguro que los Sacerdotes que estuvieron antes que usted nada pudieron hacer para mejorar la situación, al contrario, en más de una oportunidad han recibido agresiones. No se meta en la boca del lobo!... Ahora se va a descansar, se toma unos días, se va al campo con su familia y luego cuando esté menos sensibilizado vuelve a trabajar...
JUAN: (sin perder el entusiasmo) Monseñor ya tengo todo arreglado. Tengo los colaboradores, los educadores y catequistas. Sólo me hace falta su venia...
OBISPO: (alterado) - Bueno basta Padre Juan...
JUAN: (a punto de quebrarse) - Ayudeme por favor!
OBISPO: - Yo no pienso autorizarlo. Todo esto me parece una locura. No cuente conmigo.
JUAN: (con nostalgia) No puedo abandonarlos! (mira un crucifijo que hay colgado en la pared de espaldas al Obispo)... No otra vez.
(Monseñor Gutiérrez se pone de pie y mira por una ventana)
OBISPO: - Dígame Padre, no es la primera vez que usted y yo tenemos encuentros no muy felices no es cierto?
JUAN: - El asunto que me trae hoy aquí es otro... Prefiero no recordar aquel momento.
OBISPO: - Por qué no?... yo lo recuerdo muy bien a usted, en este mismo despacho, recién ordenado Sacerdote, pretendiendo llevarse el mundo por delante.
JUAN: - Monseñor se lo suplico
OBISPO: - Qué palabras ofensivas me dijo aquella vez! ... Hoy más de veinte años más tarde vuelve a pedirme ayuda. Por lo que veo sigue buscando la santidad por caminos equivocados...
(El Padre Juan se dispone a salir)
JUAN: - Fue un error haber venido. Debí saber que todo seguía igual.
OBISPO: - No se vaya Padre. Discúlpeme si lo llevé a un terreno escabroso. Le hace mal recordar el pasado?
JUAN: - Bien sabe que sí.
OBISPO:(intencionado) - Porque fracasó?
JUAN: - Me despido Monseñor.
OBISPO: - No, no se vaya... Por qué no me discute? Vamos Padre!... Dónde quedaron el ímpetu y la rebeldía juvenil!
JUAN: - Murieron Monseñor... Con treinta mil almas más...
OBISPO: - Otra vez con lo mismo!. Hace años que lo vengo escuchando en la televisión en la radio...leyendo en los diarios la misma historia de los desaparecidos.
JUAN: - Y qué le produce escucharlo?
OBISPO: - No sé... Fue una época tan difícil... Lo importante es que ganamos!
JUAN: (sorprendido) - Ganamos!...Quiénes ganamos?
OBISPO: (convencido)- Usted y yo ganamos! La libertad religiosa... Si hubieran ganado ellos hoy tendríamos a un Fidel Castro en la Argentina... Ganó la paz!
JUAN: - Libertad!...paz!...(triste) No Monseñor... La sociedad está mal, con bronca...Ya nadie tiene confianza en la Instituciones... Están llenos de odios...Nos llenaron de odios! ...Siempre han querido que nos peleemos entre nosotros para dominarnos mejor...
OBISPO: - Padre Juan no sea antiguo... No me va a hablar de dominadores y dominados... Mucho tuve que lidiar hace años con los curas de la teología de la liberación y todas esas barbaridades... El marxismo ya cayó no lo sabe?
JUAN: - Usted bien sabe que yo me mantuve fiel al Papa y a la Jerarquía.
OBISPO: - Sí, lo sé (intencionado) tu gran debilidad fueron siempre los jóvenes... Tus “queridos jóvenes” como los llamabas...
JUAN: - Siempre consideré que los jóvenes eran la fuerza y la esperanza de la Iglesia...
OBISPO: - Sí, lástima que escogió a los jóvenes equivocados...
JUAN: (intencionado, mirando la habitación donde se encuentran, símbolo del poder) Y usted que escogió Monseñor?
OBISPO: - Qué me quiere decir!
JUAN: - Nada... lo siento. Adiós.
OBISPO: - No quiere que veamos que podemos hacer por su barrio?
JUAN: (vencido)- No...no le voy a rogar ni pedir limosna para que me rebaje...ya no.
OBISPO: (amable) -Siéntese Padre...por favor.
JUAN: - Debo irme Monseñor... Temo decir cosas de las cuales arrepentirme después.
OBISPO: - Le ordeno que se siente!...obedezca la jerarquía.
JUAN: (sentándose)- Siente placer tener siempre la sartén por el mango para manejar a la gente no?
OBISPO:(reblandecido)- Padre no me hiera por favor... Cuántos años hace que nos conocemos!... Muchos no?... Recuerdo con gran alegría cuando tu padre, mi amigo más querido me pidió que sea tu Padrino de Bautismo. Luego fui tu guía espiritual hasta que entraste en el Seminario donde fui no sólo tu amigo sino también tu profesor y tutor... Apenas me nombraron Obispo te llamé por teléfono, recuerdas?, eras el más apto para ser mi secretario privado... Por lo tanto te conozco muy bien. Siempre te estuve observando. Admiraba tu fortaleza, tu sensibilidad, tu don de gente... Eras mi oveja más fiel y querida...
JUAN: - Hasta que esa pura y blanca oveja se transformó en negra...
OBISPO: - Yo no dije eso...
JUAN: - Pero sé que fue así, y lamento haberlo defraudado.
OBISPO: - No fue tu culpa... Te dejaste llevar por esos...
JUAN: (dándose cuenta de la intencionalidad del Monseñor) - Diga, diga... Esos rebeldes, facinerosos, guerrilleros... qué más?... qué otro calificativo para esos jóvenes de los setenta?
OBISPO: - Decimelo vos ya que los conociste bien... Comiste con ellos... Compartiste la vida con ellos...
JUAN: - Eran nuestros jóvenes Monseñor!... devotos de Cristo.
OBISPO: (enojado) Ellos tenían la imagen errada de Nuestro Señor... Pensaban que era un líder político, un revolucionario... Querían usar la figura de Jesús para la lucha!
JUAN: (nostálgico) - Buscaban a un Cristo vivo... Ese que ni yo ni usted les mostrábamos...
OBISPO: - Padre, le pido que no sea tan insolente...
JUAN: (furioso) - Usted sabe lo que significa perder las esperanzas Monseñor!...gritar, buscar, pedir ayuda material y espiritual a una sociedad sorda e hipócrita?
OBISPO:(exaltado levantando el tono) - No es excusa Padre!... No para matar!... No Padre Juan... No me venga con esos cuentos... Yo recuerdo muy bien lo que fue aquella época... Recuerdo cuanto la Superiora del Colegio (Internado) de la Inmaculada me llamó desesperada a las dos de la mañana diciendo que habían detectado una bomba en una de las habitaciones... No sabían que hacer!... Más de cien niñas inocentes junto con las monjitas hubieran muerto... Y todo por qué?... porque según “tus” jóvenes eran hijas de la gran sociedad rica y burguesa... retrógrada y represora... Gracias a que el padre de una de las alumnas era militar y lo pudieron localizar a tiempo para que desactive la bomba... Usted sabe lo que hubiera significado eso Padre? No que iba a saber usted... No se daba cuenta que se aprovechaban todo el tiempo de su ingenuidad...
JUAN: - Jamás acepté los terribles métodos que a veces algunos querían utilizar...(reflexivo) yo sabía que la violencia no era el camino... Pero la violencia es mala venga del lado que venga... y peor aun cuando viene del Estado encargado de proteger! (intencionado)...Yo me opuse a las dos!...
OBISPO: - Quiere decir que yo... Claro está de moda acusar a la Iglesia por cómplice... Realmente pensás que yo estaba de acuerdo con los métodos de los militares?
JUAN: (exaltado) - Los toleró!... Los aceptó sin decir nada... Su Santidad desde Roma pedían que paren las matanzas... Romero y cientos de Sacerdotes de América Latina dieron su vida por la paz... Y la Iglesia Argentina se calló la boca!
OBISPO: - Padre Juan, insisto que no voy a tolerar tantas insolencias!... (buscando justificación) Acaso usted sabe las presiones que yo tenía de todos lados?... Militares, empresarios, comunidades religiosas, dirigentes de todo tipo pasaron aquellos años por este despacho... Estaba atado de pies y manos!
JUAN: - Monseñor... yo fui su secretario privado. Recuerdo a la perfección cada uno de esos encuentros...
OBISPO: - Yo tenía que ser el Pastor y el guía de todo un pueblo...
JUAN: (triste) - Por qué entonces no vi a ninguna delegación de jóvenes en este despacho también?... Muchas veces pidieron audiencia con usted y nunca les abrió las puertas...
OBISPO:(enérgico) - Querían mi bendición para matar y yo no se las iba a dar!
JUAN: - Querían ser escuchados Monseñor... Necesitaban que alguien les diera una palabra de esperanza...
OBISPO: (intencionado) Pero al final no me necesitaron... Ahí estaba usted !
JUAN: (recordando) - Sí, allí estaba yo... Fue entonces cuando los conocí y me di cuenta que no eran los monstruos que me habían pintado... Eran... sólo jóvenes...
OBISPO: - Pecadores y delincuentes!
JUAN: - No!... No... Ellos buscaban amor y dignidad... y los dejamos sólos... Y fuimos sus verdugos... Y no me estoy refiriendo a ese grupito que según usted estaba en alianza con Cuba o la Unión Soviética...Me refiero a los jóvenes salidos de nuestras escuelas religiosas, de la acción católica, militantes peronistas!...
OBISPO: - Reconózcame Padre que de nada les sirvió su formación religiosa!
JUAN: - No será Monseñor que nadie los formó verdaderamente en la religión...
OBISPO: (tocado) - Está dudando de la capacidad de catequizar o intelectual de prestigiosos profesores y Sacerdotes?
JUAN: - No ... dudo de la capacidad de amor que hayan tenido... No creo que a esos estudiantes les hayan faltado bellos sermones, pero lo que estoy seguro es que no tuvieron referentes del amor cristiano...
OBISPO: - Explíquese mejor Padre!
JUAN: - Es muy fácil abrir un libro y dictar clases y predicar el Evangelio... Pero se olvidaban que la mejor forma de evangelizar es con el ejemplo... Yo estoy convencido que si nosotros hubiéramos sido madres y padres de esos chicos...No hubiéramos padecido tanto horror...
OBISPO: - Sigue con esa idea de que la culpa la tiene la Iglesia... pero qué bien!... Y menos mal que es un Sacerdote quien lo dice... No quiero ni imaginarme que pensarán otros sectores de la sociedad!... (adivinando algo más en las palabras y el tono del Padre Juan)... Estoy seguro que hay algo contra mí en especial con todo lo que está diciendo... O me equivoco... Vamos Padre, anímese...
JUAN: - Es muy triste todo para resucitarlo ahora.
OBISPO: - No...no. Le suplico que descargue esa bronca que tiene guardada hace años...
JUAN: - Se acuerda del caso Bedia?
OBISPO: - Sí, claro que me acuerdo!... Cinco de “tus” jóvenes secuestraron a un empresario y si no fuera por nuestras fuerzas del orden hubiera muerto.
JUAN: - Es lo único que recuerda?... Ese empresario estaba acusado , de hecho terminó en la cárcel al regreso de la democracia, de negociados y de haber dejado la empresa en quiebra, adeudando cinco meses a los empleados... Más de doscientas familias fueron estafadas y perdieron sus puestos de trabajo...
OBISPO:(enérgico) - Y eso es motivo para secuestrar!
JUAN: (triste, recuerda) - Yo fui al galpón donde lo tenían secuestrado... Ellos adentro y yo afuera hablábamos... Me dejaron entrar para negociar... Tranquilicé al empresario y los convencí a ellos que cedieran las armas... A cambio pedían que se pague a cada obrero lo que se les debía, lo justo...Y pedían que la garantía sea yo y uno de sus más queridos maestros y pastores de la Acción Católica : Usted!... Los militares le comunicaron urgente lo que estaba sucediendo, pero usted expresó que no tenía nada que negociar con esa gente... que no los conocía... Pero quienes rodeaban el galpón dijeron que estaba todo arreglado. Que debido a que contaban con su apoyo no iban a tomar ninguna medida represiva... (nostálgico) Y yo les creí... El empresario aceptó de palabra el trato y lo dejaron salir junto conmigo... Pero cuando estaban saliendo “mis” jóvenes... (se detiene, se quiebra) Los mataron… sin piedad... No tenían armas ni nada... Sólo mi palabra de que todo iba a salir bien... (llora)
OBISPO: (tratando de justificarse pero no pudiendo ocultar su emoción) - No podía dejar que me asocien a ellos!
JUAN: - Ellos confiaban en mí y yo los traicioné... yo también los dejé sólo... Fue en ese momento que el gobierno me consideró un cura peligroso y con su anuencia me enviaron a una cárcel...
OBISPO: - No, cárcel no...
JUAN: (reprochando) -No!... y dónde estuve encerrado por más de un año sin poder comunicarme con el exterior...
OBISPO: (buscando justificación) - Tenía que salvarte Juan!... Estabas siendo manipulado y no te dabas cuenta!
JUAN: - Claro. Como siempre me consideró un inútil usted me tenía que rescatar... Siempre desde que papá murió ahí estaba usted, haciéndome sentir que todo lo que yo hacía era poco viciando de nulidad mis actos que no tenían su autorización...
OBISPO: (reblandecido) - Dios mío!... por qué no me dijiste que yo era eso para vos?... jamás me percaté que te podría estar dañando... Lo único que yo quería era amarte como un verdadero padre... Pero evidentemente fracasé...
JUAN: (recordando como niño) - Yo quería que usted estuviera orgulloso de mí... que me respetara por lo que era... Pero nada de lo que hacía parecía ser suficiente... Hasta que sentí que por fin encontraba a gente que necesitaba de mí y que de verdad me querían... Esos jóvenes Monseñor hicieron que valiera la pena ser Sacerdote... Me hicieron sentir realmente un pastor para ellos...
OBISPO: - Y lo fuiste, y muy bueno...
JUAN: - Déjeme retirarme por favor Monseñor...
OBISPO: - Sí, por supuesto. Pero antes necesito que me perdones por todo lo que te hice a vos y a tus jóvenes... (reflexivo pero triste) Yo también quería hacer lo correcto como vos!... Pero cuál era el bando de los “buenos” y cuál el de los “malos”?
JUAN: - No Monseñor!... No eran buenos o malos... Eran hijos de Dios contra hijos de Dios. Y yo consideré que nuestra misión no era tomar partido sino salvarlos de la muerte física y espiritual sean del sector que sean...
OBISPO: (nostálgico) - Años de mi vida luchando para tener este cargo... (mira a su alrededor)...Qué porquería que es todo... Uno ambiciona el poder y se ciega... Y cuando ya está arriba tiene que transar para mantenerse... Dios mío!... Autoridades como yo hemos hecho caso omiso del ruego del Cristo sufriente en cada argentino... Y sé que Dios me pedirá cuenta... Basta!, tengo que renunciar... se terminó (se quiebra)...
JUAN: (acercándose, sintiendo su dolor... con la ternura de un niño, olvidándose de la jerarquía de Leopoldo y a corazón abierto) - Padrino!... (retractándose)... Perdón, Monseñor...
OBISPO: (emocionado)- Me has llamado Padrino!...como cuando niño...
JUAN: (compungido) - Yo, yo ... no debí.
OBISPO: (con una mirada tierna hacia Juan)- No merezco este cargo hijo, ni que me llamen Monseñor. Vos tenés razón... Yo toleré... Yo estaba informado de las crueldades de los militares... Pero tuve miedo y me callé la boca... Esa es la verdad.
JUAN: - Todos nos hemos equivocado...
OBISPO: - Pediré una audiencia Episcopal de urgencia para presentar mi renuncia...
JUAN: - Cómo?... yo pensé que...
OBISPO: - Pensaste qué?
JUAN: - La Iglesia lo necesita, el pueblo cristiano sufre Monseñor... Necesita de nuestra ayuda. Usted tiene el poder para hacerlo... Está bien conceptuado, tiene mucha influencia... No renuncie...
OBISPO: - Vos crees que yo podría...
OBISPO: - Lo conozco muy bien... sé de su gran entrega a Dios... Es hora de que lo demás también la conozcan...
OBISPO: - Creo que confías en mí más que yo mismo...
JUAN: - De usted depende no defraudar de nuevo a su Iglesia...
OBISPO: (queda pensativo, mirando el crucifijo) - Y tú que opinas?
JUAN: (alcanzándole una carta) - Tome Monseñor...
OBISPO: - Qué es?
JUAN: - Es la carta de autorización para mi barrio que le suplico me firme... Quizás esta sea una de las demostraciones que tiene Nuestro Señor para dar a conocer sus opiniones... O acaso olvida lo que me dijo el día de mi ordenación?
OBISPO: - Te lo agradeceré si me lo recuerdas.JUAN: (emocionado recuerda) - No olvides, me dijo, que en cada ser humano que sufre, en cada hermano triste y sólo está Cristo... Ellos son CRISTOS VIVIENTES
martes, 21 de julio de 2009
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